Vallas

Tanca Martina 1020

Martina Frau, octubre de 2014

Uno de los pocos alicientes de atravesar la ciudad para llegar al colegio –ciudad de provincias, finales de los años sesenta– era cuando alguna de las vallas publicitarias que nos salían al paso en el trayecto, aparecía con un anuncio recién colgado. Aunque, ya entonces, la curiosidad por la novedad competía con la nostalgia, al ver los restos de carteles ya olvidados que afloraban momentáneamente durante la operación de encolado.

Ahora, que sé que la arqueología se rige por el principio de la superposición de estratos, comprendo por qué ya entonces me interesaban esos fragmentos de papel deslavazados.

Para cuando en 1970 saltó a las vallas el cartel anunciando el Delfinarium,  hacía tiempo que había descubierto el cráneo de un delfín junto a las dunas de una playa desierta. Tardé años en identificarlo como un cetáceo, así que mientras tanto habitó en mi imaginario como un ser fabuloso y propio.