Marlowe a Palma

FOTO MARLOWE A PALMA 1020Pere Cerón, setembre de 2014

«La primera vez que le eché la vista encima, en la pista de Tito’s, Irina Moskovskaya estaba borracha. Yo venía del Brassclub, el único local que conozco en Palma donde preparan el gimlet como Dios manda; es decir, ginebra y zumo de lima Rose’s en idéntica cantidad sobre hielo picado. Rafa me había servido unos cuantos, así que no tenía sueño ni dudas de que la encontraría allí.

Irina se apoyaba en otra chica para no caerse aunque empuñaba la copa de champagne con tal convencimiento que parecía servirle de bastón. Era alta, llamativa y más delgada que una coartada auténtica. Pelo oscuro con un peinado más o menos hacia atrás sobre un buen ejemplar de frente. A tres metros de distancia, su boca parecía sensual y ansiosa. Sus ojos negros eran todo lo remotos que pueden ser unos ojos y lucía la suficiente cantidad de pedrería y lentejuelas como para causarle graves problemas al tráfico aéreo con sus destellos.

Mientras brindaba con el brazo entrelazado al de su amiga, Irina inclinó hacia atrás la cabeza y me miró de reojo. Bajó los párpados hasta que las pestañas le acariciaron las mejillas y luego las alzó muy despacio: un truco destinado a lograr que terminara patas arriba. Casi lo consigue.

Encontrarla fue sencillo. Su marido estaba dispuesto a gastar algún dinero para conseguir que volviera a casa. Lo suficiente como para cerrar temporalmente mi oficina del edificio Cahuenda en Los Ángeles y cubrir mis 25 diarios más gastos con 100 de adelanto. Además, Palma no dejaba de ser una ciudad agradable a pesar de la humedad.

Era un asunto de poca monta. O eso pensaba yo».

Començava bé el primer cas de Marlowe a Palma. Tant bé que no em vaig adonar de que havia arribat el bus. Una vegada al seient i abans de continuar llegint, vaig clavar els ulls a la parada a través del vidre de la finestra: de què em sonaven Irina i la seva amiga?