Incendio artificial

incendio artificial 1020Nuria Cano, octubre de 2014

Me asusté al torcer la esquina.

El escaparate de la tienda ardía. Había llamas largas y mucho humo. Pero él parecía no chamuscarse. Su barba mantenía sus vivos colores: cian, fucsia, y algo de amarillo.

Ardía sin despeinarse un ápice. Mantenía inalterada su artificialidad, su postiza actitud. Parecía un malvavisco antes de acercarse al fuego.

Imaginé con ansia que su barba artificial se deshacía, se volatilizaba como la ceniza de un cigarrillo consumido por el viento. Pero fue en vano.

Al girar la esquina no había fuego, ni bomberos, ni mirones. La calle mantenía su aspecto habitual. Incluso descaradamente otro maniquí con barba y gafas intentó engatusarme de nuevo. Pasó un mini descapotable con 2 hipsters, un adolescente barbilampiño, un ciclista, el profesor de mi hija, un político, un amigo… todos con barba.

Dicen que la barba está de moda.

El Capitán Haddock hubiera dicho sin tabúes:

«Troglodita», «ectoplasma», «parásito», «estropajo», «ostrogodo», «náufrago», «pirata de carnaval», «burgués».